El nacimiento de Antonio Rafael

Entre sesiones de boobie, cambio de nappies, y demás, siento que no tengo tiempo para escribir; a este periodo le llaman el cuarto trimestre. Si ya has pasado por aquí sabes a lo que me refiero, y si estás por pasar por estas primeras semanas con un recién nacido, déjame decirte que hay luz al final del túnel, todo mejora, y tu vida toma un sentido diferente y mejor. Si estás amamantando no te des por vencida, todo se hace más fácil. Pero bueno, déjame contarte sobre el nacimiento de Antonio Rafael.

39 semanas de embarazo. Lunes

Antonio no estaba con su cabeza para abajo. Ya mi ginecóloga me había recomendado realizar una versión cefálica externa (VCE), que es cuando mueven al bebé dentro del vientre. Ella me había dicho que podríamos haberlo intentado en la semana 36, que es cuando el bebé aún no está tan grande, y hay alta probabilidad de que la versión sea exitosa. Sin embargo, también había la posibilidad de que el bebé simplemente se regresara a la posición en la que estaba. No me quise arriesgar, todo lleva un riesgo. Así que tenía programada una cesárea exactamente a las 39 semanas de embarazo.

Todos los días antes de que llegáramos a las 39 semanas de gestación parecían eternos. Me daba miedo que se me rompiera la fuente y que comenzara labor de parto. De haber pasado, tendría que haber ido rápidamente al hospital porque podría haber perdido el líquido amniótico en un corto tiempo. Gracias a Dios no pasó. 

El día lunes 24 de agosto, justo a las 39 semanas de embarazo, me desperté temprano, me bañé y alisté para llegar al hospital a las 9am. Tenía programada cesárea a las 11am, pero como habíamos acordado, primero veríamos si era viable realizar la VCE. Fuimos mi esposo y yo con nuestra maleta al hospital, y con la silla del carro lista para nuestro bebé en la parte trasera del carro. Fue difícil decirle un hasta luego a Robbie. Es la primera vez que paso noches lejos de él. Se quedó en casa con su abuela de Michigan, Julie, quien vino a Chicago a apoyarnos.

Ya en el hospital primero me dejaron pasar, y después de un rato le dieron permiso a mi esposo para acompañarme. Después, me pasaron al que sería mi cuarto, y vino mi doctora para platicar sobre la VCE, y me comentaron que sería buena idea que me anestesiaran con epidural en caso de que la ECV no fuese exitosa; así estaría lista para ir al cuarto de operaciones y tener una cesárea. Cuando me pusieron la epidural cuando di a luz a Robbie no sentí dolor encima de los dolores de parto; esta vez estaba consciente de todo, y ¡oh, qué dolor!. Ya cuando estaba lista, vino mi doctora, junto con otra doctora más, y la enfermera para realizar el proceso de VCE.

Lista para el quirófano, aunque el proceso de la ECV fue en mi cuarto. También le habían dado a mi esposo el equipo de protección especial para que estuviese listo para cambiarse y acompañarnos.

Versión Cefálica Externa

Estaba nerviosa pero confiaba en mi doctora. Estábamos listos, escuchábamos el latido del corazón de mi bebé. Nos habían explicado que era normal que sus latidos se alentaran después de la versión, pero que había que esperar a que volviera a la normalidad en un tiempo adecuado, y de no lograrlo, me llevarían a quirófano. Comenzaron. Mi esposo tomaba mi mano, y cerré los ojos rezando para que pudieran lograrlo. Decidí abrirlos, no sentía nada debido a la anestesia. Vi a mi doctora con su cara roja, y haciendo mucha fuerza manipulando al bebé en mi vientre. No fue algo sencillo. Después de terminar, mi doctora volteó a verme y me dijo sonriendo: “Antonio is upside down, Michelle” (¡Antonio ya está boca abajo!), y de repente los latidos de Antonio estaban cada vez más lento. Ellas veían los monitores, yo tomaba fuerte la mano de mi esposo, orando. Sus latidos comenzaron a normalizarse, ¡y gracias a Dios el proceso fue un éxito! Después de celebrar un poco, mi doctora me dice que no pensó que fuéramos a lograrlo. ¿Puedes creerlo? Yo que me sentía tan confiada, y ella lo que dijo. Me sorprendí en verdad, pero le agradecí con el alma por haberlo logrado. La actitud sin duda forma gran parte de nuestros logros. Seguido de esto, rompieron mi saco amniótico, y me inducieron el parto. 

Espera y labor de parto

No recuerdo a qué horas terminaron la versión. Eran entre las 3 y 4 de la tarde. Estaba hambrienta y súper sedienta con más de 15 horas de ayuno, y al fin pude tomar agua y comer algo. No había más que esperar al progreso de mi labor de parto. Escuchamos música, podcasts, comimos snacks, mi comida del hospital, y de repente, el dolor de las contracciones apareció. El anestesiólogo estaba en el cuarto de operaciones y no podía salir para ajustar la dosis. Al inicio no era tan pesado porque tenía tiempo para recuperarme entre cada contracción, pero cuando estaban más cerca, y el poder del medicamento decaía, sentía que ya no podía más. Siempre he dicho que los dolores de parto se sienten como que te quieren partir por la mitad, ¡jaja! Después de tal vez un par de horas, o 3 días, el anestesiólogo regresó y ajustó el medicamento. Pude sentirme mejor poco a poco. Mi dilatación no parecía progresar, así que teníamos que relajarnos, seguir comiendo snacks, cenar, ver tv. Parecía eterno.

Al día siguiente. Martes.

Bueno, en las primeras horas del día siguiente, después de la media noche cerca de la 1am, fue mi doctora a revisarme, y dijo que ya estaba lista. También, me dio la noticia que había desarrollado preeclampsia; el tratamiento de ésta es dar a luz, así que ahí estábamos en el lugar correcto. Comenzaron a alistar todo, y exactamente a la 1:15am comencé a pujar… ¡con máscara! ¡Sí, con máscara! Así es dar a luz en tiempos de pandemia. Pujé por 3 días, o bueno, media hora, y Antonio llegó a este mundo a la 1:48am. Sentía que no iba a poder lograrlo. Le pedía a Dios que me ayudara. Tenía miedo, emoción, todo junto. Todo el temor se fue cuando mi pequeño lloró, y lo pusieron en mi pecho. Antonio Rafael Stephen nació el 25 de agosto de 2020 a las 39s1d, pesó 3.82kg (8lbs 7oz), y midió 49cm (19.3in).
Después del parto tienen que monitorear mi presión arterial muy seguido, así que tenía el monitor en mi brazo. Ese día martes dormimos un par de horas.

Un bebé a término

Mi experiencia con Robbie fue sumamente diferente. No sabía qué esperar con un bebé a término. Duermen mucho después de nacer. Luego de 24h toman y toman y toman teta. ¡Estábamos agotados, jaja! Gracias a Dios no tuvimos problemas con la succión. Pensamos que el irnos a casa sería un proceso rápido después de haber dado a luz. Sin embargo, debido a mi diagnóstico de preeclampsia, tenía que ser monitoreada por al menos 48h. 
El día miércoles tomaron muestra de bilirrubina a Antonio, y salió elevada. Dijeron que tomaron otra muestra en 24h, y por ende, no saldríamos del hospital ese día. Seguían monitoreando mi presión arterial, cada vez más espaciadamente. Realizaron otro estudio de sangre el día jueves temprano. Esta vez la bilirrubina estaba más elevada, y tendrían que pasar a mi bebé a UCIN para comenzar fototerapia.

UCIN

Sentí que mi mundo se derrumbaba. Ya quería estar en casa con Robbie, con su hermanito. Me partía el alma pensar en llegar a casa sin panza, y con los brazos vacíos. En mi mente tenía planeado que llegaríamos a casa con Antonio, y que grabaríamos la reacción de Robbie al conocerlo, intercambiarían regalos, y nuestra familia de cuatro estaría unida.
Se llevaron a mi bebé y en su lugar me trajeron una extractora de leche. Mi corazón y el cuarto vacío. Saqué leche, mi esposo la llevó ya que en UCIN sólo dejaban pasar a un padre a la vez (yay, COVID), y para que yo pudiera ir, tenía que ir acompañada de personal del hospital y en silla de ruedas. 
La bilirrubina baja con fototerapia, y cuando el bebé realiza evacuaciones. No querían esperar, y recomendaron suplementar con fórmula para ayudarle a su cuerpo a evacuar. Mi esposo me llamó para decirme lo que pasaba, y que a fin de cuentas sería mi decisión. Me sentí mal de pensar que mi leche no era suficiente para él, estaba triste, incompleta. Seguí extrayendo mi leche, Antonio la tomaba primero, y después le daban fórmula hasta que se llenara. Fui a verlo, platiqué también con los médicos y me explicaron el plan. Le darían la terapia por al menos 24h. A las 12h de haber comenzado revisaron su nivel de bilirrubina y había bajado, pero seguía la terapia y revisarian valores después de 6h más. Ese día me dieron de alta.
Fuimos a casa para llevar nuestras cosas y ver a Robbie. Robbie es muy comprensivo. Estaba emocionado, confundido, feliz de tenernos en casa. Le explicamos lo que pasaba y pareció comprender. No pude evitar llorar.

Viernes

Regresamos en la madrugada al hospital para llevar leche. Amamanté a Antonio, le dije buenas noches, y nos vinimos a casa. En la mañana, mi esposo llevó leche materna al hospital, y le dieron la buenísima noticia de que sus valores estaban en un mejor rango, y que podríamos tener a Antonio con nosotros ese día. Fuimos juntos por él, Robbie, y mi suegra también. Y como lo he dicho antes, con las manos llenas, y el corazón aún más, comenzamos nuestras vidas como una familia de cuatro.

Al día siguiente llevamos a Antonio a la clínica para su primera cita, en donde tomaron muestra de sangre para revisar la bilirrubina, y también revisaron su peso. Gracias a Dios había subido de peso, y su nivel de bilirrubina estaba en rangos normales. Volveríamos el día lunes para revisar su peso de nuevo, y después de ahí en una semana para evaluar su peso nuevamente. 
¡La leche de mamá sí es suficiente! En su estadía en UCIN fue donde recibió suplemento de fórmula, y gracias al cielo no la hemos necesitado más. Ya lo hemos llevado a su revision de un mes de edad, y va creciendo muy bien. ¡Valen la pena las desveladas, jaja!

La vida como mamá de dos niños es sumamente cansada, sumamente llena de amor y felicidad. Si eres mamá primeriza, o segundiza jaja, te daré estos consejos:

  • Fíjate muy bien de quien tomas consejos
  • No te preocupes por el desastre en tu casa
  • Come sano, mantente bien hidratada. Ten a la mano snacks fáciles de comer y nutritivos. A mí me gustan estas barritas, y también tener bananas porque son fáciles de comer.
  • Sigue tomando tus vitaminas prenatales
  • Si estás amamantando, no desistas. Recuerda que le estás dando a tu bebé uno de los mejores regalos que le puedes dar. Créeme, el camino se hace más fácil
  • Toma siestas cuando tu bebé tome siestas (heme aquí escribiendo cuando Antonio descansa)
  • Llora, desahógate. Platica con alguien que ya haya o esté pasando por esto.
  • Si tienes otros pequeños, recuerda que aún son niños, no te olvides de su edad. Aunque se ven tan grandes después de llegar a casa con un recién nacido
  • El intercambio de regalos fue una gran idea. Robbie le dio a Antonio una jirafita Sophie como la que él tenía cuando era bebé, y Antonio le regaló unos monitos de Batman y compañía (justo lo que él quería)
  • Documenta tu maternidad. Los días parecen largos, pero los meses se van volando

 Michelle | con limón, please

¿Qué llevo al hospital?

Si eres mamá primeriza, o te pasó como a mí que en tu primer embarazo no tuviste oportunidad de preparar tu bolsa para el hospital, te comparto aquí lo que he empacado.

Comencé a hacerla desde la semana 36, y ahora que tengo 38 semanas, he finalmente cerrado el zipper de la maleta. No llevo una bolsa linda y pequeña, llevo una maleta de mano negra. En una de mis publicaciones de actualización de mi panza en mi página de Facebook pregunté a las mamás por ideas, o por lo que ellas consideraron fue esencial o de mucha ayuda en el hospital. Tomé algunas de esas ideas, y llegué a esto.

Para el bebé:
– Varios mamelucos
– 2 gorritos
– 2 sabanitas

Artículos de baño
Cepillo para el cabello
– Shampoo y acondicionador en barra Shambar
– Shampoo en seco
– 2 cepillos de dientes nuevos
– Pasta de dientes e hilo dental
Desodorante Mineralized con aplicador
– Desmaquillante y ruedas de algodón

Ropa
– 2 batas para después del parto
– Un vestido para irme a casa
– 2 pares de calcetas
– Pantuflas
– 2 camisetas interiores para mi esposo
– 2 pares de calzones para mi esposo

Snacks
– Papas picantes
– Barras de chocolate
– Chicles o gomas de mascar
– Dulces de regaliz
– Snacks de galletitas

Extras
– Pizarrón de letras (con caja de letras)
– Adornos de madera para escribir nombre del bebé y datos de nacimiento
– Marcador de gis Chalkola
– Vaso reutilizable para mi agua
– Una sábana para mi esposo

También, llevaremos en una mochila aparte los cargadores de teléfono, la cámara para tomar fotos, una luz de aro, y una bocina Bluetooth pequeña. Asimismo, espero que no se me olvide llevarme la bolsa de maquillaje.

Cuando estuve en el hospital con Robbie, las calcetas que ven ahí de colores me acompañaron, así sin zapatos caminaba del cuarto a UCIN. Le enseñé a mi mamá en una ocasión las cosas que tenia listas en la maleta, y a los días me pregunto si no llevaría toallas sanitarias. Por lo menos en el hospital donde di a luz a Robbie, y nacerá este pequeño, te regalan una bolsa con todo lo necesario para el cuidado pos-parto. Luego les comparto lo que trae.

Espero que mi lista de artículos te parezca útil. Dime qué piensas, o si agregarías algo más.

 Michelle | con limón, please.

Mi Viaje en mi Segundo Embarazo. ¡Ya Estoy en el Tercer Trimestre!

¡No puedo creer que ya estoy en el tercer trimestre de mi segundo embarazo! Siento que a veces el tiempo se va volando, pero al mismo tiempo que aún falta mucho para llegar a término.

He estado enfocando mis energías de escritura para escribir para el blog de Project Alive & Kicking. Fui invitada para escribir mis vivencias mes por mes, lo cual me ha hecho muy feliz de poder compartir mis experiencias.

Sin duda, cada embarazo es diferente, y las experiencias, aunque a veces parecidas, no son las mismas. Al día de hoy tengo 29 semanas de embarazo, y ya faltan 8 semanas más para llegar a término, y 11 para llegar a mi fecha estimada de parto. ¡Increíble!

Asimismo, todos en el mundo estamos experimentado la pandemia del Coronavirus de distintas formas. En mi caso, mi familia y yo hemos sido cuidadosos con el distanciamiento social, y con el quedarnos en casa. El estar embarazada en tiempos de pandemia nos pone aun más en riesgo, ya que tenemos defensas bajas por el simple hecho de encontrarnos en la dulce espera.

Primer Trimestre

Al inicio de mi embarazo presenté sangrado debido a que tenia un hematoma subcoriónico, el cual, gracias al cielo, se disolvió. Todo siguió bien después, aunque desde marzo ha sido difícil acudir a las citas sin compañía de mi esposo ni de mi hijo, Robbie. Asimismo, durante este primer trimestre acudimos a una cita con una especialista de medicina materno-fetal. Cuando estaba embarazada de Robbie desarrollé una condición llamada Colestasis Intrahepética del Embarazo (ICP, por sus siglas en inglés), la cual ocurre por un desorden del hígado, e inmediatamente convierte tu embarazo a uno de alto riesgo. Otra razón para visitar a esta especialista es porque Robbie nació prematuro de 33 semanas de gestación, y hablaríamos sobre el tratamiento adecuado durante este embarazo, que es el uso de progesterona, principalmente.

Segundo Trimestre

Creo que debido a la pandemia, a las citas por videollamada, y al tratamiento de progesterona que comencé desde la semana 16, entre otras cosas, el segundo trimestre se me hizo algo eterno. Desde la semana 16 de gestación comencé tratamiento de progesterona para ayudar a evitar a que este embarazo sea prematuro. Robbie nació de 33 semanas sin razón aparente, y es por lo mismo que incluso desde el día siguiente de que él nació, mi anterior ginecóloga me hizo saber que para el siguiente embarazo debería de usar este tratamiento. Me ponen inyecciones semanales en la clínica en mis brazos, alternándolos cada semana. Tengo que acudir sola a estas citas, gracias a la pandemia.

Un vistazo a mi experiencia durante una Pandemia.

Tercer Trimestre

¡Qué bendición es llegar a las 28 semanas de embarazo! Y ahora ya casi tengo 30. Me siento fuerte y confiada de que todo seguirá bien en el resto de mi embarazo. No he subido mucho de peso, y mi ginecóloga me ha felicitado. Dice que las mujeres batallan más para subir el peso adecuado en embarazos subsecuentes. Además que es en este trimestre cuando los bebés crecen al doble o casi triple de lo que han pesado hasta ahora, hasta llegar a término. Siento que ahora este bebé me va a comenzar a cansar aún un poco más, ¡jaja! Pero bueno, creo que es la combinación del embarazo, de hacerme cargo de Robbie, y de la casa.

28 semanas de embarazo

Por ahora no queda más que esperar, confiar en que todo seguirá bien, seguir alimentándome sanamente (sin contar algunos antojos), y mantenerme muy bien hidratada. Gracias al cielo ICP no ha vuelto, aunque esporádicamente si he presentado síntomas. Espero que así siga, así como espero también que este bodoque se aguante en la panza unas 7 semanas mas mínimo.

Mi Primer Embarazo. El Nacimiento de Robbie

La primera vez que compartí la historia sobre mi embarazo fue cuando Robbie cumplió un año de edad. Robbie nació prematuro a las 33 semanas de gestación. También, desarrollé durante el embarazo una condición llamada Colestasis Intrahepática del Embarazo (ICP, por sus siglas en inglés). Hoy quiero compartir esta historia en mi blog, ya que junio es el Mes de Conciencia de ICP.

3 de Marzo de 2018.

Y pensar que hace un año, a las 6:15 mi mundo se derrumbaba porque tenía miedo de perder a mi bebé…

Tuve miedo de perderlo desde que supimos que él estaba en mi vientre.

Al principio Robert y yo no sabíamos lo que pasaba. Fuimos a tomar una prueba de embarazo que salió positiva, pero después de ser atendidos en la clínica, se pensaba que tenía un embarazo hectópico porque presentaba sangrado. Decidieron tomar muestras de sangre en los días siguientes para ver si la hormona HGC aumentaba, tal como se espera en cualquier embarazo. A unos días del último estudio, nos llama la doctora de la clínica y dice que tenía que ir a urgencias para ver qué pasaba, ya que ocupaba un ultrasonido porque la hormona no aumentaba como normalmente se espera. Ese día mi esposo tenía que ir a trabajar, y sus papás vinieron desde Michigan para estar con nosotros y acompañarme en el hospital.

Después de tanta espera, cuando llegó la hora del ultrasonido, se pudo ver que algo se movía ¡era el corazón de mi bebé! Supimos entonces que Robbie tenía 8 semanas de vida. Y aunque estaba en dónde debía, había algo en mi útero que se pensaba iba a provocar que lo perdiera, un hematoma subcoreónico. Los médicos nos dijeron que no importaba lo que hiciera o dejara de hacer, que no iba a ser mi culpa si lo perdía… que no había más que esperar.
Al salir en la madrugada por esos pasillos largos del hospital, mi suegra Julie iba leyendo los documentos de la alta, y me dice que si me habían dicho que su corazón latía 176 latidos por minuto. ¡Fue ahí cuando me di cuenta que ya lo amaba y me puse a llorar! ¡No quería perder a mi bebé!

Esa noche Robert y yo lloramos abrazados en la cama, con nuestras manos en mi vientre hasta que nos quedamos dormidos.

Los días pasaban, y con un gran dolor en mi corazón le decía a mi bebé que entendía si no se quedaba con nosotros, que papá y mamá lo amaban. Pero que si quería quedarse, que se agarrara fuerte, muy fuerte, para que pudiera seguir creciendo en mi vientre.

Pasamos varios sustos, y cuatro semanas después, a las 12 semanas de gestación, fuimos a un centro médico para otro ultrasonido. Ahí vieron que el hematoma subcoreónico estaba más pequeño, lo que significaba que se estaba disolviendo. También, ¡vimos que nuestro bebé estaba creciendo perfectamente!

Las siguientes semanas pasaron tranquilamente. Veíamos crecer mi panza. ¡Al fin decidimos dar la noticia!

A inicios de diciembre, un día comencé a sentir mucha comezón en muchas partes de mi cuerpo. Esa noche batallé para quedarme dormida porque solo quería rascarme y rascarme. Pensamos que era el cambio de clima, piel reseca, etc. A la mañana siguiente tenía cita con mi ginecóloga obstetra. Ya por terminar la cita, le comenté a mi doctora lo que curiosamente me había pasado, y le dije que esa mañana hasta había disfrutado rascarme la cara con las piedritas del exfoliador facial. Ella me preguntó si tenía comezón en las plantas de los pies, o las palmas de las manos. Le dije que no. Tomó su laptop, y ordenó unos estudios de sangre en el laboratorio. Le preguntamos Robert y yo de qué eran, y nos dijo que no nos preocupáramos hasta que fuera un problema. Esto nos dejó algo angustiados. A partir de esa noche comencé a usar más crema para el cuerpo a cada rato, y pensábamos que sólo tenía resequedad, ya que la comezón se calmaba.

A la semana siguiente, me llama mi ginecóloga. Robert estaba trabajando. Todo lo recuerdo como si yo no hubiera sido quien contestó el teléfono, pero que veía por una ventana y no alcanzaba a escuchar ni entender todo. Solo palabras: lo siento mucho, colestasis, alto riesgo, exámenes, inducción temprana, monitoreos, ultrasonidos, crecimiento… nos citó a la semana siguiente para platicar. Haber ido al buscador en internet no ayudó para nada; la soledad tampoco.

Al comenzar el tratamiento me sentí más segura, y Robbie crecía como debía. A finales del mes de enero aprovechamos unos de los ultrasonidos de crecimiento y supimos que nuestro bebé era un niño. Todo marchaba bien. La colestasis intrahepática del embarazo es una condición en la que el hígado produce demasiados ácidos biliares, y el cuerpo batalla para desecharlos; el primer síntoma es la comezón o picazón. ¿Cuál es la cura? Dar a luz. Durante las siguientes semanas acudimos más seguido a consulta con mi ginecóloga, y a partir de la semana 32, dos veces por semana, comenzaríamos los exámenes de no estrés en el hospital. Estos exámenes monitorean los movimientos del bebé y sus latidos, y contracciones.
Después del cuarto examen durante la semana 33 de embarazo, nos vinimos a casa. Robbie estaba bien y todo marchaba como se esperaba.

La mañana siguiente, el día 3 de marzo del 2017, eran las 6:15 cuando desperté porque sentí que algo me pasaba. Se me había roto la fuente. Estaba muy preocupada y angustiada. Desperté a mi esposo, él estaba todo adormilado por ir a la cama tarde; llevó al perro a la calle mientras yo me cambiaba de ropa y trataba de llamar al número de emergencias de la clínica. Decidimos irnos al hospital.

El camino al hospital fue eterno. Sentía que perdía más líquido amniótico. Llegamos, el registro, paso a triaje, me dicen que tengo contracciones y tengo 2cm de dilatación. El doctor nos dice que me inyectarían esteroides para ayudar a madurar los pulmones del bebé, y que esperaba que por lo menos tuviera a mi bebé en el vientre por 24hrs, ya que es el tiempo que ocupan los esteroides para hacer efecto.

Nos pasaron a una habitación, y después de monitoreos, contracciones, epidural, y dos pujidos, ese mismo día a las 19:58 Robbie llegó a este mundo llorando, bendito Dios. Había en la habitación como 15 personas, todos preparados porque no se sabía cómo vendría Robbie. Gracias a Dios no necesitó de todos ellos. Tuvimos piel con piel por un rato, y luego lo llevaron a Cuidados Neonatales; en donde estuvo por 9 días más progresando poco a poco, hasta que lo dieron de alta el día 12 de marzo cuando vino a casa por primera vez. Esos 9 días fueron los más largos de mi vida.

La Colestasis Intrahepática del Embarazo es una condición poco conocida por médicos, y poco común. Hoy en día soy voluntaria de ICP Care. Ayudo a mamás a comprender por lo que están pasando. En nuestro grupo en Facebook ofrecemos apoyo, resolvemos dudas, y estamos ahí para las mamás, así como una vez lo estuvieron para mí cuando más necesitaba comprender esta condición.
Fui muy afortunada, ya que mi ginecóloga obstetra conocía sobre la colestasis. No todas las mamás con esta condición corremos con la misma suerte.

Para conocer más sobre ICP visita www.icpcare.org/es

Mi nana. Mi mamá Chalita.

El día de ayer pasó algo que temía que pasara desde que estoy en Estados Unidos sin poder regresar a México.

Tuve mi cita prenatal con mi ginecóloga, y al estar en la sala de espera abrí mi Facebook y vi la terrible noticia. Mi abuela Chalita, mi nana, mi mamá Chalita falleció. Mi corazón se partió en dos ese momento. Sentía que todo se paró por un minuto, y al decirle a mi esposo, quien estaba a mi lado, sentí como su abrazo me hacía pequeña. Su abrazo me reconfortó, pero yo me sentí pequeña, me sentí indefensa, triste, con el corazón roto por haber perdido a mi nana. Impotente de no poder hacer nada. De no poder dejar este país para ir a darle un abrazo a mi tata, a mi papá Manuel; de no poder ir a darle un abrazo tan fuerte y decirle que lo amo. 

Al principio me sentí mal de haber recibido la noticia así, por Facebook. Qué se espera en estos tiempos. Aunque ahora creo que fue la mejor manera de haberla recibido, ya que tal vez si hubiera estado aquí en mi casa me hubiera caído más peso encima. Tuve mi cita con mi ginecóloga, el bebé bien, gracias a Dios, con su corazón a 150bpm. Sentía que el mío también latía igual de rápido. En ese momento sólo éramos yo y mi bebé en mi vientre. Gracias al Coronavirus mi Robert y mi Robbie tuvieron que esperar afuera de la clínica.

Todo el día estuve recordando a mi mamá Chalita. Estuve recordando momentos que tuve solo con ella cuando era niña; caminando en el centro, siempre sintiéndome que corría cuando caminaba a su lado. Mi nana siempre caminaba súper rápido. Aunque ya después sus pasos se fueron cansando. Los años no pasan en vano, pero la vida tampoco, y nos deja con tantos recuerdos y lindas memorias. 

Rafaela Ruiz, una mujer tenaz, un gran ejemplo de lo que no es ser mujer sumisa, de lo que es ser una mujer fuerte, luchadora, con tanta entereza, con un gran sazón en la cocina. La que hacía los mejores frijolitos y tortillas grandes, los mejores frijoles de fiesta, la mejor barbacoa. La que en sueños me ha preparado gorditas, tortillas grandes, frijoles, sopas. La que en vida en estos últimos años hacía que me quebrara cada vez que le llamaba. Por eso no lo hacía tan seguido. Siempre que le llamaba la hacía llorar, y me sentía mal, y me quedaba llorando después de la llamada por un rato.

Aún recuerdo como si fuera ayer los días que pasamos en el terreno. Cómo barría la tierra después de echarle agua, y hacía que la tierra pareciera piso de cemento. Cómo cenábamos juntos al atardecer con mi papá Manuel, mi mamá, mi papá, y quien más que se nos uniera en esas tardes. Recuerdo cómo le gustaban los mastuerzos, cómo le gustaban las galletas glaseadas rosas y amarillas que no puedo recordar cómo se llaman, el café negro, la soda de fresa.
Recuerdo con mucho cariño cómo siempre estuvo ahí casi todos los días que mi hermano Alejandro estuvo en el hospital. Con su paso ya cansado iba a visitarlo. Subiendo por la misma rampa a las 4 de la tarde para estar con nosotros. Le llevaba calditos, le llevaba consomé. Le llevaba sus fuerzas, y a nosotros también. Después con mi papá, siempre pendiente, siempre ahí, siempre rezando por los tuyos.

Qué daría para haber tenido la oportunidad de ir a su casa una vez más en una tarde nublada a tomar café, que conociera a su bisnieto Robbie, que nos sentáramos en las mecedoras afuera a ver los carros pasar, ver los árboles moverse, y saludar a los vecinos que pasaran por la calle. Para decirle una vez más en persona que la amaba, que la extraño. Para darle las gracias por todo.

Nos vemos luego, nana. Que Dios te reciba con sus brazos abiertos. Que vivas en la Gloria con tu hijo, y con tu nieto.
Te amo,

Michelle, tu nieta.

DEP Rafaela Ruiz 

24 OCTUBRE 1934 – 18 MARZO 2020